Algo cambia en una persona despues de la medianoche. No en todos, ni cada noche, pero con suficiente frecuencia como para tener nombre en la mayoria de los idiomas - esa hora en la que las defensas habituales parecen adelgazarse y sale a la superficie una verdad que a mediodia habria permanecido enterrada. La gente confiesa a las 2 de la manana cosas que jamas mencionaria tomando un cafe. Viejos arrepentimientos. Sentimientos que ha estado gestionando durante meses. Una frase sobre alguien a quien extrana, que ha estado ensayando sin intencion de enviarla a ningun sitio.
Parte de esto es simple agotamiento. Mantener unida una version de ti mismo para los demas consume energia, y para cuando el dia ha agotado la mayor parte, queda menos para mantener en guardia al yo mas cauteloso. Pero el agotamiento por si solo no explica la forma especifica de lo que sale. No es que la gente cansada diga cosas al azar. Es que dice lo verdadero que habia estado editando en silencio todo el dia.
La hora sin testigos
La luz del dia viene con una audiencia, incluso cuando nadie mira. Hay cosas que hacer, gente que podria llamar, una version del dia que aun queda por delante y que debe ir razonablemente bien. Ya entrada la noche, esa audiencia desaparece. Nadie espera nada mas de ti hasta la manana, lo que significa que, durante unas horas, ya no hay nadie para quien actuar. El yo que aparece a las 2 de la manana no es mas honesto porque este mas danado. Es mas honesto porque, por fin, esta solo.
Es probable que por esto se escriban tantas cartas a esa hora que nunca se envian. Algo en el silencio hace que la frase verdadera sea mas facil de encontrar, pero ese mismo silencio tambien hace que parezca demasiado grande para entregarsela a alguien que seguira ahi por la manana. Un mensaje enviado a las 2 de la manana lleva una especie de prueba que el yo diurno quiza no quiera dejar registrada. Asi que se queda en los borradores, o se escribe a nadie en particular, que a veces es exactamente lo que hacia falta - no una audiencia, solo una hora lo bastante sincera como para escuchar.